El médico de Rock Hudson recuerda sus últimos y dramáticos días

Se cumplen 30 años del fallecimiento del actor norteamericano, símbolo de la lucha contra el sida. La revista «People» recoge testimonios inéditos

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Doris Day y Rock Hudson en julio de 1985, en su última imagen juntos 

La inolvidable pareja, en 1959 tras rodar «Confidencias a medianoche»

El 21 de julio de 1985, hace casi 30 años, Rock Hudson se desplomó en su suite del hotel Ritz, en París. Muy pocos sabían que esta estrella del cine tenía sida, una enfermedad que se le había diagnosticado un año antes.

Al igual que hizo durante toda su carrera a cerca de su homosexualidad, Hudson guardó en secreto que era portador del VIH (virus de inmunodeficiencia adquirida), causante de una afección poco entendida por aquel entonces y que se había convertido en plaga.

El primer caso diagnosticado fue en 1981: cuatro años más tarde, y dada su propagación, la sociedad occidental estaba aterrorizada y la comunidad homosexual, estigmatizada.

«La gente habla del sida como un antes y un después de Rock Hudson», explica hoy Michael Gottlieb, el doctor que trató al actor, a «People». La revista ha recogido los testimonios de quienes estuvieron más cerca de esta estrella de Hollywood en sus últimos y tormentosos días. «Cuando le conocí, no imaginé que sería una persona crucial en la lucha contra la epidemia del sida. Fue el paciente más influyente de su historia», continúa Gottlieb.

El eterno galán

Antes de que falleciera Hudson, ya habían muerto 6.000 personas a causa del VIH. Pero ninguna con una fama a la altura del actor. Símbolo sexual de físico imponente (medía 1,93) y sonrisa encantadora, Hudson arrasó en la taquilla en los años 50 y 60, con éxitos como «Gigante» –con Elizabeth Taylor y James Dean– o las populares comedias junto a Doris Day –«Confidencias a medianoche» o «Pijama para dos».

Gottlieb había recomendado a Rock Hudson un tratamiento experimental con retrovirales que en París estaba llevando a cabo un médico francés, Dominique Dormond. En la suite del Ritz se le administraron las primeras dosis del fármaco, pero no obtuvo el efecto esperado.

Una aparición pública el 15 de julio de 1985 para promocionar un programa de su amiga Doris Day levantó las alarmas: Hudson estaba excesivamente delgado y con muy mal aspecto. La actriz ha confesado que, en aquella ocasión, su buen amigo no podía ni comer. «Nunca me dijo que estaba enfermo.

Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi».

Pocos días después, de vuelta a París, cuando sufrió su desmayo en el Ritz, el actor decidió comunicar a los periodistas que se agolpaban a las puertas de su hotel que tenía sida. Encargó un comunicado a una publicista francesa de su confianza, Yanou Collart.

«Le leí el comunicado que había preparado –recuerda hoy Collart–. Él se encontraba demasiado débil como para tomar una decisión. Yo estaba llorando. Todo lo que me dijo fue: “Eso es lo que quieren. Ve y échaselo a los perros”».

El estado de salud de Hudson era grave y decidieron traerle de vuelta a casa. El actor pagó 250.000 dólares para fletar un avión de Air France que le llevara directamente a Los Ángeles, donde le recibió un helicóptero que le trasladó al hospital UCLA. Gottlieb fue quien le recibió en el centro médico y quien le comunicó que era conveniente aclarar su estado real con la prensa estadounidense, que tenía noticias de su supuesto sida, pero que dudaban sobre si el comunicado de Collart había sido autorizado. «¿Debemos decirles que tienes sida?», le preguntó el doctor a Hudson. «Sí, si tú crees que ayudará en algo», respondió el actor.

Hudson murió en su casa algunos meses después, el 2 de octubre de 1985. Durante ese tiempo, recibió visitas de los más cercanos y la publicidad de su enfermedad contribuyó a concienciar a la sociedad sobre el sida.

Entre quienes fueron a verlo se encontraba Elizabeth Taylor, que hizo un visita secreta al hospital. La actriz se vistió como en las grandes ocasiones y besó y abrazó a su amigo. Años después, Taylor creó la una fundación para la lucha contra la epidemia, que, hasta la fecha, ha recaudado 17 millones de dólares.

«Él era consciente de la publicidad de su caso antes de morir –asegura a «People» el doctor Gottlieb-. Estaba contento de haberlo hecho público y del efecto que produjo. El sida estaba tan estigmatizado. que la gente que lo sufría se sentía abandonada. Buscaban un rayo de esperanza, y eso llegó cuando Rock hizo pública su enfermedad».