Diagnóstico de VIH en mujeres aumenta casos de violencia

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El VIH ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de defensa contra las infecciones y determinados tipos de cáncer, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin embargo, consumir el tratamiento antirretroviral “permite que el sistema inmunitario recobre fortaleza y capacidad para combatir las infecciones”, según el sitio web de dicha organización.

Formas de violencia

“Muchas veces les dicen: ya tenés VIH, nadie te va a querer, tenés que aguantarme a mí”, asevera Arely Cano, secretaria regional de ICW Latina.

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Una de las formas de violencia más común en estas situaciones es que los hombres, que también tienen VIH, fuerzan a sus parejas a tener relaciones sexuales sin condón, bajo el argumento de que la enfermedad ya está instalada en el cuerpo.

Sin embargo, Cano explica que esta práctica es nociva, puesto que provoca una reinfección y el riesgo es mayor para las mujeres. “Exponerse nuevamente al virus hace que este se vuelva más agresivo y luego más resistente a los antirretrovirales”, alertó Cano.

Pero la violencia en general facilita que las mujeres con VIH caigan en depresión y que consecuentemente abandonen los tratamientos antirretrovirales. “La depresión es mortal en mujeres con VIH”, expone la experta.

Tabaquismo reduce considerablemente esperanza de vida a enfermos con VIH/sida

Martínez, por su parte, asevera que desde ICW trabajan en grupos de empoderamiento para que las mujeres se apropien del tratamiento y puedan mejorar su calidad de vida.

Según la OnuSida, una agencia de la ONU que busca acabar con la epidemia del sida, si una persona con el VIH inicia el tratamiento antirretroviral, poco tiempo después de infectarse, tiene la misma esperanza de vida que otra persona seronegativa de su misma edad.

“Las muertes asociadas al sida en todo el mundo han descendido un 43% desde 2003”, indican los estudios recientes de OnuSida, y el objetivo es que para 2030 el 95% de las personas que viven con VIH conozca su estado serológico y que el 95% de ellas tenga acceso al tratamiento antirretroviral en todo el mundo.

Mujeres embarazadas

En Nicaragua, la mayor captación de casos de VIH en mujeres ocurre cuando estas se realizan controles prenatales, asegura la dirigente de ICW Nicaragua, María Teresa Martínez, quien destaca que a nivel sistémico existen grandes esfuerzos por promover la prueba del VIH en mujeres embarazadas para eliminar la transmisión vertical del virus, es decir, de las madres hacia los recién nacidos.

En diciembre pasado, el viceministro del Ministerio de Salud (Minsa), Enrique Beteta, aseguró que de los 746 casos nuevos de VIH que se había reportado hasta septiembre del 2017, 90 fueron de mujeres que estaban embarazadas.

De hecho, hasta diciembre del año pasado el Minsa realizó 270,000 pruebas rápidas y el 59% fueron destinadas a mujeres embarazadas en todo el país.

En las mujeres con VIH en estado de gestación también hay violencia, aduce Martínez, refiriendo que el diagnóstico no siempre se mantiene de forma confidencial.

“Hay compañeras que están embarazadas y están siendo perseguidas por su diagnóstico. Eso les ocasiona un daño sicológico porque no pueden estar seguras de que nadie las va a perseguir para retirar su tratamiento, para ir a consulta, o tienen el miedo constante de que las vigilen o en su barrio les pregunten por qué van a una clínica a donde van personas con VIH, porque se les juzga y se les dice ‘vos también entrás a esa clínica, tenés sida’”, expone Martínez.

La representante de ICW para Nicaragua manifiesta que la violencia estructural se debe en gran medida a la poca divulgación de la Ley 820, la “Ley de promoción, protección y defensa de los derechos humanos ante el VIH y sida, para su prevención y atención”, aprobada en 2012.

Según dicha ley, los resultados de la prueba de VIH deben comunicarse de manera confidencial, personal y mediante consejería, además establece que es de obligatorio cumplimiento para las autoridades con cargos administrativos en instituciones públicas y privadas, garantizar la confidencialidad de las personas con VIH y en condición de sida.

En el trabajo

También en la Ley 820, Artículo 10, se estipula que “ninguna persona podrá ser sometida a pruebas para detectar la presencia de anticuerpos al VIH sin su consentimiento informado”. Pero según Martínez y Cano, esto no siempre sucede en algunas empresas que realizan exámenes médicos a sus colaboradores.
“Todavía hay empresas que hacen la prueba de VIH a sus colaboradores a escondidas, se siguen dando casos en que las personas siguen siendo diagnosticadas en laboratorios privados y no hay sanciones ni para esos laboratorios ni para las empresas”, asegura Martínez.

Cano reveló que en ICW han conocido casos de personas con VIH, que fueron despedidas de su trabajo tras conocer su diagnóstico. “Solo aplican el Artículo 45 (del Código del Trabajo), las despiden sin ninguna justificación”, refiere.

El problema es siempre el estigma y la discriminación, de acuerdo con las activistas. “Los empleadores piensan que una persona con VIH no va a ser productiva, creen que la persona ya se va a morir”, asegura Cano, quien remarca que esas son concepciones erróneas, puesto que “el VIH es una condición de salud igual que la diabetes o la hipertensión: si la persona se adhiere al medicamento va a tener una alta expectativa de vida”.

Según datos de la OnuSida, el tratamiento antirretroviral disponible hoy en día evita la multiplicación del VIH y puede hacer que el virus sea indetectable en la sangre. Para Cano, es un deber de las empresas crear condiciones para dar respuesta a sus trabajadores con VIH.

Ante las dificultades para obtener un puesto de trabajo formal, las mujeres con VIH deben recurrir a los trabajos informales. La mayoría de mujeres asociadas a ICW Nicaragua se dedican al comercio en mercados, a la venta de ropa y productos de belleza, o al trabajo doméstico.

Martínez refiere que estos empleos generan ganancias diarias, pero no las suficientes para obtener seguros de salud o para tener mejores condiciones de vida.